jueves, 3 de noviembre de 2011

Capítulo 33: Hasta la próxima

Cuando me encontré solo en mi habitación, una vez que mi mujer había regresado a su casa, pude conversar conmigo por primera vez desde que terminó todo, ya tranquilo y sin temor. Y, entonces, llegué a la conclusión con la que hoy sigo de acuerdo. Y es que finalmente —y a pesar de haber corrido riesgo de ser elevado por una luz violeta, de haber escuchado música que provenía del cielo, de haber viajado ida y vuelta hacia Santa Teresita en quince minutos, de haberme convertido en auto de fórmula uno y en zombi, de haberme movilizado teletransportándome, de haber visto fuego y dragones en los carteles con la numeración de Rivadavia, de haber sido acechado por bestias criminales y fantasmas malditos, de haber sido atacado por un lobo, de haber visto a un amigo deformado en un balcón que no existe, de haberme encontrado desnudo y violado en la calle, de haber escuchado un llanto de bebé irreal y de haber sentido que mi corazón reventaría—, finalmente, con una sonrisa de nene travieso y con la alegría de haber vivido una aventura de la que salí ileso y que, sentía entonces, modificó mi capacidad de percepción para siempre; finalmente, con un sabor de triunfo y maravilla por lo experimentado que me inundaba el interior de mis carnes; finalmente, con la sensación de haber atravesado por una peripecia extraordinaria y memorable por siempre, me dije sonriente que disfruté haber tomado ácido. Y que, tarde o temprano, volvería a hacerlo. Aunque, eso sí, en un lugar más tranquilo, menos peligroso. Con casco. Y, si me la presta, también con la cuchilla gigante de Tío Ricky.

Click sobre el dibujo para ver en tamaño original.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Capítulo 32: Visión superadora

Una vez despierto, hice pis, tomé agua, le pedí perdón cientos de veces a mi mujer, ella contuvo sus ganas de comenzar a retarme y hacerme jurar que jamás volvería a hacer lo que hice y continué durmiendo. Hice una siesta de varias horas. Cuando volví a despertar, decidimos que lo mejor sería trasladarme cuanto antes hacia mi casa, para evitar el temor que le tenía entonces a la noche; iría a acostarme y terminar de recuperarme allá, durmiendo hasta que fuese necesario.

martes, 1 de noviembre de 2011

Capítulo 31: El fin

—Vamos a dormir, mi amor, por favor —suplicó mi mujer.
—Sí —respondí, con resignación porque lo que en realidad quería era armar una fiesta ahí mismo; comprar unas cervezas, poner un poco de música y pasarla bien; invitar a mi suegra y a mi cuñada también. Y a los vecinos, por qué no.
—Prometeme que no salís sin mí nunca más —pidió mi mujer.
—¡LSD! —fue mi desubicada contestación.
—Vamos a dormir, dale —insistió.

Su pedido, esta vez, caló profundo en mí. Y, aunque jamás lo hubiera creído posible aquella madrugada, me quedé profundamente dormido, llevándome a las soledades del sueño los restos alucinógenos que quedaban en mis huesos.

lunes, 31 de octubre de 2011

Capítulo 30: Gases

Tengo una tía de lo más coqueta; siempre está vestida con suma elegancia, hasta cuando va a la verdulería. Rubia, de ojos celestes y de muchos años, logra burlar los efectos del paso del tiempo con astucia, esfuerzo y alguna que otra bien disimulada cirugía estética. Ella se cree una diva, una reina y por lo general se le sigue el juego; es que a pesar de su pretensión de estrella, con su familia es humilde y de lo más querible. Una vez, en una reunión familiar, me sorprendió pasar próximo a la puerta del baño y oír una catarata de pedos estruendosa; enseguida, casi le grito a mi papá que aflojara. Sin embargo, grandísima fue mi sorpresa cuando descubrí que a los cinco minutos salió del baño mi tía. ¡Qué pedorra resultó, quién lo diría!

viernes, 28 de octubre de 2011

Capítulo 29: Tiempo de risotadas

—Amor, decime quién te puso el LSD en la cerveza —quiso saber mi mujer.
—¡Sokol! —exclamé y exploté en carcajadas.

Ella también rió pero con angustia.

—Dale, hacé memoria, ¿no te diste cuenta cuando lo metieron? —insistió.
—Eh… ¡Sokol! —volví a responder riéndome, como un nene al que descubren con una mentira.